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Victor Manuel. Web oficial

Blog de Víctor Manuel

Che 2

jueves, junio 09, 2011

Llegó deportado en 1934 y se instaló en Asturias. Su llegada fue recogida en el diario Avance. Cuando estalló nuestra Guerra Civil de una manera natural y dada su experiencia se convirtió en instructor de ametralladoras en el bando republicano...


Acabada la guerra consiguió integrarse en el paisaje y vivir en la comarca de Teverga. Ahí se ennovió y casó (años 40) despues de que le fueran amputadas ambas piernas por gangrena derivadas de heridas que consiguió en su periplo americano. Acabó su vida en una silla de ruedas; eso si, antes procreó dos hijas (¿mellizas, gemelas?) que probablemente viven.
Comentarios

Joan comentó el 15-Jun-2011 02:31 AM

Victor! Aca en Argentina teníamos otro Che, muy grande... Hoy cumpliría 83 años... Te escribo porque mi mama es una fanática tuya y me acabo de enterar que venís para Buenos Aires, pero los precios de las entradas son muy altos para mi que soy estudiante.
Ella cumple años el domingo 19 y me encantaría poder regalarselas y acompañarla, ya qe crecí escuchando tus canciones por ella. Quería saber si no podían poner algun descuento para los registrados a la Zona Fun. Desde ya te mando un abrazo enorme y muchisimas
gracias.

Maestre comentó el 12-Jul-2011 07:26 AM

Los sueños rotos de Lucy Hasta ahora era una mujer sin rostro, sin edad, sin pasado • Solo un cadáver con nombre • Pero Lucy tenía 27 años, tarjeta de residencia, familia en Kenia, sueños... • Su terrible muerte de madrugada en la A-62 se sigue investigando
Lucy tenía 27 años y llevaba varios en España. diariodeburgos.esR. Pérez Barredo / Burgos Lucy no podía ser un fantasma. No era posible que nadie la hubiese visto antes; que nadie la recordara cuando durante días convivió con otras mujeres en un recinto pequeño
y entre los vecinos de los pueblos del entorno de Villanueva de las Carretas. Una mujer a la que alguien atropella de madrugada en una autovía no podía ser una aparición súbita, un espectro, nadie en algún sitio. Tenía que tener un rostro, una edad, una vida
en la que habría sueños y preocupaciones; alegrías y tristezas. «Lucy era maravillosa», dice una compañera con la voz entrecortada por la emoción y el dolor ante su trágica pérdida. La investigación sobre su muerte continúa abierta. Al menos eso afirman fuentes
de la Subdelegación del Gobierno. Y eso esperan las personas más cercanas a esta joven natural de Kenia, que no se conforman con la versión oficial, que se resisten a creer que los hechos sucedieron como les han contado. No insinúan nada, solo que no admiten
que Lucy cometiera ni una imprudencia ni una barbaridad. «Ahí hay algo raro, y esa pobre chica... No puede quedar así», asegura una vecina de la zona, de las pocas dispuestas a hablar sobre el asunto, espantada e impresionada por las circunstancias del mismo.
Da la impresión de que a los habitantes de los pueblos del entorno -Pampliega, Villaquirán, Estépar- no les hace mucha gracia la existencia del club Las Carretas, en el que Lucy se ‘hospedaba’ desde hacía al menos un par de meses, según ha confirmado a este
periódico el regente del local. En la madrugada del domingo 3 de julio, un vehículo arrolló a Lucy en el kilómetro 30 de la A-62. La familia holandesa que viajaba en él contactó con el Servicio de Emergencias Castilla y León 112, que a su vez avisó a la Guardia
Civil para que una patrulla se personas en el lugar del siniestro. En ese tiempo, varios vehículos más golpearon el cuerpo de la chica. Según ha podido saber este periódico, no llevaba encima documentación y el cadáver quedó en tal estado que solo pudo ser
reconocido por las huellas dactilares. Fuentes forenses aseguran que, pese a ello, la autopsia puede llegar a determinar si la joven sufrió algún tipo de lesión previa a los atropellos, algo que se conocerá una vez se cierre la investigación. Unas horas antes
había salido con un cliente del club (que también ha sido interpelado por los agentes encargados del caso) hacia Estépar. No se sabe lo que sucedió después, aunque según el relato oficial la joven no fue llevada en coche al local, por lo que emprendió la vuelta
andando. Entre Estépar y Villanueva hay algo más de 7 kilómetros. Su cuerpo fue hallado en el 30, a la altura de Villaldemiro. Justo bajo un puente. varios años en españa. Lucy tenía 27 años y llevaba varios en España. Tenía tarjeta de residencia según el
propietario del club, extremo confirmado por la Subdelegación del Gobierno. El de Villanueva no era el primer local de alterne de Burgos en el que había estado: lo había hecho al menos en otros dos del entorno de la capital burgalesa y en la localidad palentina
de Guardo. Era una chica agraciada, como puede comprobarse en la fotografía que ilustra este reportaje. Y buena amiga. Y simpática. «Era maravillosa», repite con dolor esa compañera que no quiere desvelar su nombre, como si tuviera miedo a hablar. Y es que
parece que todas tienen miedo a hablar sobre Lucy. Últimamente se la veía deprimida, sobre todo a raíz de la reciente muerte de su madre. «Estaba tristona y alicaída. Hacía poco por hablar con los clientes». Lucy quería, se pueden imaginar, cambiar pronto
de vida. Encontrar otro trabajo. Regresar a su tierra. «Las chicas están muy afectadas, y yo también», afirma el propietario del club desde el que Lucy salió para nunca volver. Allí, en una habitación, languidecen sus pocas pertenencias: algo de ropa, un teléfono
móvil averiado y algunas fotografías. En éstas, a las que ha tenido acceso este periódico, se la ve posando sola o en compañía de otras compañeras. Pese a que en algunas aparece sonriente, la expresión de su rostro denota otra cosa: una cierta tristeza, un
punto de desvalimiento, de honda melancolía. Que se sepa, nadie ha reclamado todavía sus restos; que se sepa, no se ha hecho todavía gestión alguna ni con la embajada de Kenia en España ni con el Ministerio de Asuntos Exteriores para tratar de contactar con
su familia, que tal vez desconozca el terrible final de la chica. Un final sobre el que hay todavía un mar de dudas. Un final tétrico, inhumano, sucedido en una madrugada tormentosa, en la peligrosa oscuridad de una autovía. Allí, abandonada, sola, atropellada
como un animal incauto, como una muñeca rota, se quedó para siempre Lucy. Pobre Lucy.
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